Sábado remolón, aunque menos que otros, porque tempranito por la mañana ya teníamos a los pintores (A. y mi suegro) rematando la faena que empezaron ayer. Nosotros mientras, desayunando con calma y disfrutando de un rato de lectura / planificación / dibujo... cada uno a lo suyo.
Una pequeña siesta, un poco de galleteo (la de la foto anterior era la última, había que reponer!), y a la calle, que pasaba la Cabalgata.
Somos un poco atípicos en esto de los Reyes Magos. Ya desde niña nuestro día de regalos era Navidad. No porque seamos fans de Papá Noel, pero era el día en que nos reuníamos la familia en casa de mi abuela y hacíamos intercambio de regalos. Además, los Reyes Magos llegaban muy tarde, y no nos daba tiempo a jugar a gusto de los juguetes antes de tener que volver a la rutina del cole. Nunca me importó, es más, cuando mis amigos presumían de regalos de Reyes, yo ya llevaba días disfrutando los míos. Y en casa de A. pasaba lo mismo, además de que pasó su infancia en diferentes países sin tradición de Reyes Magos.
Con la llegada de nuestros hijos, la cosa siguió igual. Pasamos las navidades con mi familia en Galicia, por eso es allí donde esperamos a Papá Noel con ilusión. El año pasado incluso "le escuchamos" cuando aparcó los renos en la terraza del abuelo. Corrimos mucho para intentar verlo pero fue más rápido que nosotros. Aún así, los niños siguen contándolo una y otra vez.
Tienen claro que los Reyes Magos traen juguetes a los niños que se los han pedido, "pero como nosotros ya se los pedimos a Papá Noel y le escribimos la carta", hoy no esperan nada. Sí saben que algunos niños de su cole piden a los dos (que son muy avispados estos críos), pero también entienden que no es necesario pedir tantos juguetes y que hay niños que los necesitan más porque no tienen. Cero dramas y todos contentos. Y si encima podemos ir a ver la Cabalgata y nos lanzan unos caramelos, se van a casa más felices todavía.
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la espera es lo peor... verles allí a lo lejos, avanzando taaaan lentos,
esperando con sus bolsas para recoger todos los caramelos que puedan
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Mateo, a sus ocho años, me preguntaba hoy si los Reyes Magos son de verdad, porque "la mitad de los niños de mi clase dicen que son los padres, igual que el Ratoncito Pérez y Papá Noel, pero esos dos son verdad!". No sé cuanto le durará esto, pero de momento me encanta verle su carita de emoción...
Miguel quería saber cual de ellos era Baltasar, porque en Diciembre fue un Mensajero Real al cole a llevarles libros de parte de los Reyes Magos, y el suyo estaba firmado por ese Rey en concreto.
Y David, que ya de por sí se emociona con cualquier pequeña cosa del día a día, una cabalgata llena de luces, colores, niños disfrazados, y personajes que le lanzaban caramelos, era algo que le tenía con los ojos como platos. Todo era "hala!! Mira!!", y "ooohhhh", "aaahhhhh!!"...
Feliz noche a todos los que tengáis los zapatitos puestos bajo el árbol.
Y mañana, a por el Roscón de Reyes a casa de la abuela. :-)