Y limpios y relucientes a más no poder. Así quedaron mis tres fierecillas después de su primera fiesta de la espuma... Pero pongámonos en situación.
Estas cosas solo se les ocurre a madres descerebradas como yo, o con la neurona con sobrecalentamiento por tanta playa y piscineo, sino no me lo explico. El plan era apetecible, pasar la tarde con mi querida Pilar, echarnos unas charlas, hacer unas fotillos... No sé, sonaba muy bien, hacer algo diferente, y todas esas cosas. Pero dentro de la ecuación también entraban mis tres niños, los dos suyos y un amiguito que venía en el lote. Y un pueblo en fiestas. Y una barbaridad de gente. Y jornada de puertas abiertas en la piscina, hinchables por todas partes y montones de distracciones para volver locos a cualquier niño. O sea que el plan ideal se convirtió en dos mamás que apenas se vieron el pelo, corriendo tras seis niños pequeños que no paraban de probarlo todo: ahora un rato a la piscina, ahora hinchables, ahora el paseo en el tren turísitico, ahora empieza la fiesta de la espuma, ahora volvemos a la piscina... y con los consiguientes cambios de ropa (bañador-ropa seca-bañador) que todo ello conlleva.
Como la ley de Murphy siempre está dispuesta a hacer mis días más amenos, justo el día que más bultos llevaba (mochilas, toallas, meriendas, cámara...), no llevaba moneda para las taquillas de la piscina, o sea, que cargando con todo de acá para allá, para más diversión.
Quedémonos con la cara amable de toda esta locura: los niños lo pasaron de miedo. Y yo hasta conseguí hacerles algunas fotos, esquivando los manguerazos de agua que nos echaban a ratos. Un botón de muestra:


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| y esta se va para la semana 14 de Litel Pipol, probablemente una de las últimas fotos de la sonrisa actual de Miguel, con su primer diente amenazando con caerse de un momento a otro. |
A ratos incluso conseguí sacar el móvil con su cutre-cámara (más que nada para evitar que la cámara "grande" quedara en el mismo estado que mis hijos) e Instagramizar algunos momentos. Como el casi único rato que pude estar con Pilar, justo antes de irnos...
En fin, me quejo de vicio, si en realidad nosotras también lo pasamos bomba (como jovenzuelas alocadas que somos!).
:-)




















